Historias

La tormenta que no duerme

· Ologá, Lago de Maracaibo — Venezuela

Fotografiar el Relámpago del Catatumbo desde este rincón remoto de Venezuela es retratar un fenómeno único en el planeta. Pero más allá del rayo están sus gentes, su silencio, su resistencia.

Llevábamos cuatro horas sobre el muelle de Ologá, a oscuras, cuando la tormenta giró hacia el sur. Durante veinte minutos el cielo no descansó: cada descarga iluminaba el lago como un flash lejano. Un pescador se detuvo a mirar — como quien escucha una conversación entre el agua y el cielo.

El Rayo Eterno — Ologá, 2024
El Rayo Eterno — Ologá, 2024

Aquella madrugada el cielo se abrió en cinco rayos casi al mismo tiempo, cayendo sobre el pueblo de palafitos como si el Catatumbo quisiera mostrarme todo su poder de una sola vez. El agua inundada reflejaba cada destello dorado, y entendí por qué llaman a este fenómeno el corazón eléctrico del mundo.

El Corazón del Catatumbo — Ologá
El Corazón del Catatumbo — Ologá

Y sin embargo, lo que más me retiene en Ologá no es el rayo: es la vida que sigue bajo él. Una casa de palafito con la hamaca meciéndose, una lancha con las luces encendidas esperando en el agua, la calma doméstica bajo un cielo en vilo. La tormenta y el pueblo respiran al mismo ritmo — un latido que no se detiene.

Vigilia en el Palafito — Ologá
Vigilia en el Palafito — Ologá

La colección firma de El Catatumbo reúne dieciocho de aquellas noches. El resto del registro vive en el Archivo Catatumbo — porque hay tormentas que no caben en una sola edición.